Julio 31st, 2007
Carlos Iglesias Díez, la experiencia de la primera publicación.
Entrevista de Héctor G. Navarro
Carlos Iglesias Díez nació en Oviedo en 1983. En la actualidad cursa estudios de Filología Hispánica en la Universidad de su ciudad natal. Ha publicado el poemario Virna o el silencio , ganador del concurso Voces del Chamamé en 2004.
Sus textos aparecen en varias publicaciones, como Las hojas del Foro y la revista Hesperya, en cuyo blog - http://hesperya.wordpress.com/ -, podemos encontrar alguna de sus creaciones.
- Puesto que eres principiante y por lo tanto no todo el mundo te conoce cuéntanos un poco de ti. Tu vida, tu relación con la literatura… Seguro que aunque sólo tengas publicado la obra de la que hablaremos después has escrito muchas cosas más. Háblanos de las que te apetezca.
La verdad es que, por mi poca edad –nací en Oviedo en febrero de 1983-, y escasa experiencia literaria (tan sólo cuatro años de escritura reiterada e intensa) no estoy seguro de poder contar demasiado sobre mí mismo. Sí diré, en cambio, que la literatura, de un modo u otro, ha estado siempre presente en mi vida: me recuerdo leyendo ya desde muy pequeño, o bien escuchando lo que mi madre me leía. Fue así, en la voz de mi madre, como escuché “mis” primeros versos: poemas infantiles de Gloria Fuertes o adaptaciones para niños de poemas de Lorca o de Alberti. La escritura vino mucho después, pero realmente es en esas lecturas “compartidas” donde empezó todo, y se me abrió un nuevo mundo distinto del real.
- ¿Recuerdas cuándo empezaste a escribir y por qué? ¿Por qué escribes ahora, cuales son tus pretensiones, son las mismas?
Dejando de lado redacciones y ejercicios escolares, que, por otro lado, me resultaron muy útiles en su momento, puedo decir que la primera vez que me planteé la escritura, y en concreto la escritura poética, como una posibilidad real de canalizar una cierta vocación artística frustrada, fue en el año 2001, fecha de mi entrada en la Universidad. Hasta entonces había estado buscando mi propia manera de escribir sin haber dado con ella. La razón última de que empezara a escribir poesía fue el deseo de contar la historia de una relación que arrancaba de un episodio de mi infancia, y que cuando entré en la Universidad, ya estaba, por así decirlo, “en fase terminal”. La poesía fue el único modo que tuve de salvar los últimos restos del naufragio, de impedir que esa historia que tanta importancia tuvo para mí desapareciese del todo junto con la persona que la originó. Fruto de esta recuperación de un pasado que se prolonga en el presente fue el poemario “Retales de Espera”, con el que, casualmente, llegué a ser finalista del Premio Asturias Joven de Poesía bastante tiempo después de haberlo escrito. Y, en lo esencial, mis preocupaciones personales y literarias no han cambiado mucho desde entonces: pese a los desengaños, sigo considerando el amor, o su ausencia, como el único tema capaz de motivarme lo suficiente como para sentir la necesidad de escribir sobre él. No creo que escribir sobre el amor implique ninguna cursilería ni falta de originalidad por parte de quien lo hace. La poesía, como la vida, gira en torno a unos pocos temas que, reconozcámoslo o no, a todos nos preocupan y angustian.
- ¿Sobre qué escribías cuando empezaste? ¿Sobre qué escribes ahora? ¿Qué sientes cuando escribes algo que te entusiasma?
Aunque en lo esencial ya he respondido a esta pregunta, sí me gustaría comentar que a mí me cuesta trabajo entusiasmarme con lo que escribo. Quizá porque el ejercicio de escribir lleva aparejado, en mi caso, un cierto dolor .personal. Escribo porque no entiendo muchas cosas que suceden a mi alrededor; escribo porque siento nostalgia de lo que aún no he vivido; escribo para mantener vivo el recuerdo de algunas pocas personas a las que he amado; escribo, en fin, y parafraseando al poeta David González, “para limpiarme por dentro”, en ocasiones como quien grita o llora en la oscuridad. Para mí la escritura de poesía es inseparable de ese componente terapéutico y emocional. Por eso me cuesta entusiasmarme cuando hago un poema: no deja de ser, en cierto modo, una parte de mí mismo que me estoy arrancando para ofrecersela a los demás. Y eso, a veces, duele.
- ¿Es importante leer para escribir? ¿A qué edad empezaste a leer? ¿Qué sientes cuando lees algo que te entusiasma? ¿Qué libro te marcó más? ¿Qué autor? ¿Por qué? ¿Crees que hay un libro para cada momento?
Sin duda, es imposible escribir sin haber leído antes. Ante todo, yo me considero un lector insaciable que, de vez en cuando, necesita escribir. Me parece una muestra de ignorancia decir que no se puede leer mientras se está escribiendo; al contrario, pienso que, cuanto más leamos, más “poso” tendrá lo que escribamos, y más rico y sugerente será. Como digo, me recuerdo leyendo casi desde siempre. Y, al revés de lo me que sucede con la escritura, leer un buen libro si es algo que puede llegar a entusiasmarme, hasta el punto de que me resulta muy difícil consignar aquí cuántos libros lo han hecho a lo largo de mi aprendizaje como lector. Sí nombraré, no obstante, tres libros que fueron los “culpables” últimos de que me decidiera a escribir poesía: Paseo de los Tristes, de Javier Egea, Completamente Viernes de Luis García Montero, y El hombre de la calle de Fernando Beltrán. Sin ellos, y en especial sin el último, no existiría ni una sóla palabra mía. Tampoco quiero- ni puedo- olvidar a Ángel González o a Joan Margarit. Y sí, pienso que hay en la vida de cada lector unos pocos libros inolvidables a los que les corresponden también momentos irrepetibles.
- Aquí puedes transcribirnos un fragmento, una poesía o alguna frase concreta que nos quieras mostrar.
Hay unos versos de Fernando Beltrán que siempre me han acompañado desde que los leí por primera vez: “Te amé como se aman/ las cosas que no ocurren/ como se pone nombre/ a las caricias/ y se contagia el don/ de la tristeza”. Creo que hablan por sí solos.
- Te consideras escritor? ¿Esperas vivir de ello?
Yo soy, como he dicho antes, un lector insaciable que ocasionalmente escribe porque lo necesita. Y lo único que espero es poder seguir manteniendo la capacidad de escribir cuando algo me conmueva, me sacuda o me duela. Lo demás –publicaciones, premios- llegara´ si consigo hacer algo que valga la pena.
7- Háblanos de la relación que tienes con las demás artes: Tu música, gustos, grupo o solista, compositor, tu canción… El cine, directores predilectos, actores, películas… También, si te gusta, puedes contarnos el tipo de arte que te gusta y tus personajes favoritos. Así nos haremos una idea global de ti y además relacionamos todas las artes, que en realidad, son todas hermanas.
En general, suele interesarme toda manifestación artística, pero siento una especial predilección por el cine. Hasta el punto de que tengo más películas ‘de cabecera’ que libros. He llegado a tal grado de cinefilia o ‘cinefagia’ que pienso que sin cine sería como un pez sin agua. Hay algunos períodos cinematográficos, como el neorrealismo italiano o la ‘nouvelle vague’ francesa que me parecen irrepetibles, y he seguido con entusiasmo y devoción la trayectoria de directores como Woody Allen, Roman Polanski, Kristof Kieslowski, o Atom Egoyan. Todo ello acompañado por mi afición al género fantástico, que me ha hecho disfrutar de una serie de películas que no me atrevo a citar aquí, porque quizá se salgan un tanto del ámbito ‘ poético’ de esta entrevista - je, je-. No puedo olvidarme, tampoco, del cine español más reciente, y en concreto de una película como “La flaqueza del bolchevique”, que me parece una de las más sobresalientes de los últimos años de nuestro cine . La música también juega un papel muy importante dentro de mis preferencias, y, de hecho, tampoco concibo mi propia escritura sin los acordes ni las canciones de Leonard Cohen – para mí uno de los mejores poetas vivos-, Luis Eduardo Aute, Hilario Camacho, Luis Pastor o Pablo Guerrero, por citar sólo a unos pocos de los cantautores que han contribuido a hacer que mis palabras ‘suenen’ mejor de lo que habitualmente lo hacen.
-En tus poemas aparece una amplia intertextualidad proveniente de la música.
Es por asimilación. La música que más escucho es la canción de autor, y es imposible que eso no cree un bagaje y vaya contigo. Son tan importantes, para mí, la creación de algunos cantautores como de algunos poetas.
- A cuantos concursos te has presentado? ¿Que opinas sobre ellos? ¿Que sientes al no ganar? ¿Y al ganar?
Como adelanté antes, llegué a ser finalista del Premio Asturias Joven de Poesía con mi primera colección de poemas, “Retales de Espera”. Fue una pena no ganarlo, más que nada porque en aquel momento- finales de 2003-, el hecho de ganar un premio hubiese supuesto para mí un estímulo cuando casi nada me estimulaba. Aún sigo teniendo ganas de publicar aquel poemario, a pesar del tiempo transcurrido y de que la anécdota que lo hizo surgir hace ya mucho que sólo es eso, una simple anécdota. Sí gané al año siguiente el Premio de Poesía “Voces del Chamamé” con una colección posterior titulada Virna o el silencio. Y aprovecho la ocasión que me brinda esta entrevista para defender, una vez más, la labor impecable y desinteresada que, desde la cuenca del Nalón, está llevando a cabo la Asociación cultural “Voces del Chamamé” en su afán por promocionar la literatura que se escribe en Asturias. Por otra parte, uno de sus miembros es uno de los mejores poetas asturianos del momento actual: Javier García Cellino. Por lo demás, pienso que en los concursos, cuando no están amañados, juega un papel muy importante el azar, y que el hecho de ganar o perder no debería suponer un cambio sustancial en la forma que cada uno tenga de entender la Literatura y la escritura.
-¿Qué destacarías de tu primera experiencia de publicación?
La emoción que ese hecho produce. Para mí, es lo que va a quedar, la sensación de publicar por primera vez. Que esa publicación después se venda es para mí menos importante, lo que es en realidad relevante es tener en las manos algo que tú has creado y que se abre al público.
- ¿Qué opinión te merecen las actuales editoriales, premios literarios y revistas?
No estoy muy al tanto de este tema, pero creo que hay mucha oferta, lo que dificulta decidir y escoger. Por otra parte, hay poca información para el autor novel. Nadie te garantiza que envíes tus poemas a una editorial y los vayan a leer. Además, hay demasiados concursos, y habría que preguntarse hasta qué punto sirven para dar a conocer nuevos valores.
- ¿Crees que la joven poesía española está aportando novedades o que sigue una línea de continuidad?
Yo, particularmente, no soy consciente de que exista mucha novedad, ni de que haya nada deslumbrante. Me cuesta emocionarme con lo que hoy se hace en poesía. Suelo volver a poetas que me emocionaron, no conozco demasiada poesía joven actual, y lo que he visto no me parece demasiado interesante.
- ¿Has hecho algún curso de formación? ¿De qué tipo? ¿Te ha servido?Dinos cuál es tu opinión personal acerca de ellos.
Asistí durante tres años a un taller de literatura, y no conservo un recuerdo demasiado grato de esa experiencia. Es muy difícil impartir un taller de este tipo sin acabar contagiando a los alumnos de tus propias manías y obsesiones personales. Por eso pienso que, quien haya decidido escribir, debe seguir haciéndolo por su cuenta, leyendo y aprendiendo todo lo posible. Y si puede ser, rodeándose de gente afín con la que poder compartir lecturas y experiencias. Ese es, a fin de cuentas, el mejor taller literario posible, y tiene la ventaja de que quien lo “imparte” es uno mismo.
-En la actualidad, la lírica española se agrupa en las escuelas de la poesía de la experiencia, representada por Luis García Montero, la poesía del silencio, representada por Antonio Gamoneda, y ciertas corrientes realistas, como el realismo sucio y el realismo social. ¿Te sientes identificado con alguna de ellas?
Me cuesta hablar de corrientes, no creo que sean necesarias. Lo importante es el poeta en sí, y no la escuela a la que se adscriba. Creo que podemos encontrar elementos interesantes en todas ellas. De todas maneras, puestos a elegir, me siento más cercano a la poesía de la experiencia.
10- ¿Cuánto tiempo dedicas a escribir? ¿En qué momento del día? ¿Tienes alguna manía cuando escribes (comer, beber, fumar, música…)?
Realmente no tengo momentos concretos para escribir. Quiza´ porque, como ya he dicho, la escritura es para mí un necesidad, y eso excluye la idea de “profesionalización” que implicaría trabajar X horas al día. Siento la escritura como algo imprevisible, que nos “busca” ´más a nosotros de lo que nosotros la “buscamos” a ella. No sé si me explico. Quiza´ por eso mismo carezco de manías sustanciales a la hora de ponerme a escribir.
-Nos has comentado que posición ante la escritura es la de aprovechar la inspiración, en lugar de un trabajo continuado.
Aunque no puedo afirmar que crea en la inspiración, porque no estoy seguro de que exista, no tengo ningún método de trabajo. Suelo escribir por impulsos, por lo que me dicte el momento. No sé crearme un hábito de trabajo con respecto a la escritura. Además, la poesía tiene para mí una función terapéutica muy importante, y esto va reñido con la continuidad.
-Sin embargo, también has escrito relatos. ¿Cambia en ese caso la postura creativa?
He escrito uno. Era muy lírico, y también con una función de catarsis personal. A la hora de escribir el relato, éste va contigo, lo llevas en la cabeza y vas puliendo, quitando y añadiendo. Es un método distinto al que utilizo en la poesía.
-¿Qué es una musa? ¿Tienes musa? ¿Te apetece escribirnos un pequeño relato o un poema sobre el tema?
Me gusta esta pregunta, y me hace gracia que la planteeis de una forma tan directa. Como dije al principio, el amor ha sido desde siempre una preocupación fundamental para mí. Eso se ha trasladado a todo cuanto he escrito. Y es precisamente esa motivación amorosa la que hace que siempre, mientras escribo, haya una mujer, real en la vida e imaginaria en el corazón, asintiendo sonriente por encima de mi hombro. No se si es una ‘musa’ o no pero en cualquier caso es ella – o son ellas – el impulso último que genera toda mi escritura.
-El amor es la primera constante en tus versos.
Siempre lo ha sido,y por eso tengo limitaciones a la hora de escribir, porque el amor es la constante. Necesito focalizar la escritura en una persona y, cuando no la hay, o el sentimiento no existe, es difícil para mí poder escribir. Dependo mucho de las fases de una relación.
-Pero, junto al amor, también aparecen remas como el miedo, la soledad, la infancia.
Todo está ligado. El amor puede hacer que observes el resto de la vida a la luz de ese fenómeno, y todo adquiere un significado nuevo.
- En tus metáforas, muchas veces aparecen extensiones desoladas, como ciudades vacías, bosques arrasados.
Muchas veces, son metáforas de mi estado de ánimo en el momento de la escritura. Son expresión literaria de una sensación de vacío que suele ir conmigo.
- También tiene importancia el tema de la incomunicación
Es algo que me obsesiona. La sociedad en que vivimos favorece la incomunicación. Además, existe una incomunicación en compañía: cuantas más personas te rodean, mayor es la sensación de soledad.
- En uno de tus poemas hablas acerca de cómo el teléfono móvil, cuando los mensajes no llegan, se convierte en un medio de incomunicación.
El hecho de comunicarse por mensajes, aunque se diga lo contrario, también implica una cierta incomunicación. Se renuncia al lenguaje hablado para utilizar unos códigos que ni siquiera son lenguaje escrito, con una convención de signos.
- Volviendo al tema de tus metáforas, en ellas suelen aparecer gatos.
Es por devoción estética. Me parece una imagen bella por sí misma, y muy poderosa.
- El Grupo Versativa, al que perteneces, tiene una fuerte tendencia al apartamiento de la realidad. Tú pareces optar por la creación de un mundo lleno de belleza estética.
Considero que lo que hago no está apartado de la realidad en principio. Parto de la realidad para reconocer, para mostrar, aspectos del mundo que están ocultos pero existen, y para encontrar nuevos matices que no se suelen percibir.
Podéis encontrar su libro en: http://es.geocities.com/vocesdelchamame/edici.html
